Somos ese primer latido que nos dió existencia, o tal vez ese deseo de otro ser para que hoy seamos.
Somos ese grito que atravesó mundos, que desvío el aleteo de esa mariposa que modificó el rumbo de las cosas.
Somos esa risa ante el primer descubrimiento, ante la mirada de otros que nos permitió ser.
Somos esa cosquilla interna que nos marca el destino, y decidimos seguir aunque a veces nos equivoquemos.
Somos la espera, la escucha, la calma, ante los momentos de caos alrededor.
Somos todos los momentos donde dejamos de ser para que otros sean.
Somos la felicidad en la mirada de otros cuando un pequeño logro salió a la luz.
Somos ese llanto desconsolado abrazados a una almohada en secreto que nadie sabe.
Somos esa necesidad de soltar lo que duele, lo que ya no nos es real al alma, al corazón ni a la mente.
Somos esa carta amarillenta que no mandamos escondida en un cajón.
Somos ese beso que dimos bajo la lluvia como despedida sin que nadie sea testigo.
Somos ese abrazo interminable en medio de una tormenta de emociones donde queríamos desaparecer pero siempre alguien nos salvó.
Somos el deseo de cambiar el mundo a diario, aunque nos quieran hacer creer que ya está todo hecho, dicho, aún somos esa semilla que sembramos y regamos para esperar que florezca.

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