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“Sobre la dirección teatral y otras yerbas”

 “Sobre la dirección teatral y otras yerbas”


Por Ely Navarro 


En febrero del 2024 se me convoca para un proyecto teatral como actriz, sin demasiadas ganas de volver a actuar.

Algo se me había apagado, me sumergí en la escritura, edité mi primera novela, avancé por otro lado hasta retomar el camino, podría decirse. Pero acepté y empecé a ensayar, un día se me propone cambiar mi rol de actriz para hacerme cargo de la dirección. 

Yo tengo conocimiento de esto, hay algo hermoso que tiene la actuación que en lo personal me permite dirigir porque sé lo que la actriz o el actor está vivenciando en la escena, volver a dirigir no era lo que tenía en mente pero acepté.

Cambié la propuesta de estética que se había pensado, analizando el texto sobre el cual trabajé en la dramaturgia adaptando la obra, sumando/restando textos, personajes sin que pierda el sentido de la misma pero adaptándose a lo que queríamos contar, con el consentimiento del autor.

También sé de dramaturgia, tengo varias obras escritas y un libro publicado con varias de ellas.

Escribo esto porque a veces me pierdo y siento que hasta se subestima mi laburo y más allá de que hace más de 30 años que estoy en esto siempre estoy estudiando o buscándole la vuelta para que sea enriquecedor y no está mal aclarar que no soy una improvisada.

Termino dirigiendo una obra que fue un éxito, casi 30 funciones a sala llena, gracias, por supuesto, al laburo en conjunto con actores y actrices que hicieron eso posible.

Leía a Stanivlaski, siempre vuelvo a la fuente para retomar y seguir:

“El éxito es transitorio y efímero. La verdadera pasión reside en la búsqueda angustiosa del conocimientos de todos los matices y sutilezas de los secretos de la creación. (...) Un actor está expuesto cada día a la vista de un público de miles de espectadores desde una hora determinada a otra hora determinada. (...) Siempre a la vista del público, exponiendo él o ella sus mejores características, recibiendo ovaciones, aceptando alabanzas desmesuradas, leyendo críticas entusiastas; estas cosas y otras muchas de la misma naturaleza constituyen tentaciones descomunales. Todo ello alimenta en el actor una necesidad constante e ininterrumpida de sentir halagada su vanidad personal. Pero si vive solo de este estímulo y otros similares, es probable que se vaya hundiendo y caiga en la trivialidad…”

Cabalgar el ego, difícil, muy difícil. El actor o la actriz vive intentando domar, a veces es más fácil otras menos.

No es fácil dirigir, hay que enfrentarse a mil inseguridades de quién está en la escena, acompañar si te lo permite, como un cirujano trabajar a corazón abierto para hacer nacer un personaje.

Por supuesto, que hay actores o actrices que se auto dirigen pero bueno eso se lo dejo a gente que considero está a un nivel inalcanzable, por ejemplo Pompeyo Audivert, en lo personal considero que más placentero trabajar a la par con un/a director/a, que observe, acompañe y guíe hasta ese personaje a crear.

Podría avanzar en la disciplina del actor y volver al maestro: “Tenemos que vivir sujetos a una disciplina rígida. Si mantenemos a nuestro teatro libre de todo tipo de males, conseguiremos al mismo tiempo crear condiciones favorables para nuestro propio trabajo dentro de él.”

Para cerrar solo decir que la obra en cuestión cerró su ciclo, me aplaudo por el trabajo que realicé, fue un gran desafío, y estoy orgullosa de lo que logré, ahora avanzo hacia otros desafíos, buscando aliados en el camino que tengan el mismo respeto, la misma disciplina que yo hacia el teatro.

No hay moraleja alguna, solo les dejo un consejo del maestro Constantin:

“Recuerden este consejo práctico: no entren nunca con barro en los pies. Dejen el polvo y el barro fuera. Dejen en el guardarropa, junto con su abrigo, sus pequeñas preocupaciones, conflictos y dificultades mezquinas, todas esas cosas que arruinan su vida y distraen su atención del arte.” 


Gracias por leer.


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